Enfoque artístico
La obra de Fabrice Hyber abraza y se ajusta a un movimiento, natural e infinito, capaz de hacer surgir nuevas realidades y energías, ideas conducidas por un imaginario sin límites. Inventor de metamorfosis poéticas, anticipándose a las futuras trasformaciones, el artista cultiva el arte de la mezcla, desplaza los límites, abre las posibilidades. París, Osaka, Nantes, Rabat, Marfa, Lisboa, Nizhni Nóvgorod, Moscú, Hamburgo, Gante, Oslo o Tokio son hoy testigos de ello.
La actividad y el pensamiento artísticos de Fabrice Hyber, que se define como un artista cuántico, están constantemente atravesados por las nociones de mutación y de transformación. Con formación científica, el artista, que también asistió a la Ecole des Beaux-Arts de Nantes, concibe su obra en forma de un gigantesco rizoma que se desarrolla de eco en eco. Partiendo invariablemente de la práctica del dibujo y la pintura, invierte todos los modos de expresión, pasando constantemente de un medio a otro: “No importa la materialidad de obra, lo único que cuenta es su capacidad para desencadenar comportamientos.”
Sus lienzos son universos turbulentos llenos de formas celulares, árboles con múltiples ramificaciones, seres híbridos, flechas, espirales... Fascinado por el modo de funcionamiento viral, desde los años 1980, Fabrice Hyber se anticipa a nuestro modo de comunicación en red. Para el paso al año 2000, se le confió el Arco del Triunfo, donde decidió lanzar el sitio inconnu.net, abordando preguntas que hasta entonces habían quedado sin respuesta: “Cada una de sus preguntas le llevará a otra. Esta estructura en árbol nos hará avanzar a todos en la misma dirección: hacia lo desconocido.”
En el centro de su planteamiento figuran interferencias, interacciones, influencias sobre los comportamientos... Su manera de proceder con una geometría variable se enriquece cada vez con un diálogo con múltiples disciplinas (de la física a las neurociencias, de la astronomía a la fitoterapia...) para conducir al espectador/actor a una reflexión más amplia. Así, ya se trate de L’Hybermarché en el Musée d’Art Moderne de París, o de Eau d’or, Eau dort, ODOR, un estudio de televisión por el que recibió el León de Oro en la Bienal de Venecia en 1997, o de la Chaosgraphie des Quatre Saisons (Caosgrafía de las cuatro estaciones) de Vivaldi, con Angelin Preljocaj, Fabrice Hyber convoca varias dimensiones en cada uno de sus proyectos y nunca se ciñe a un vocabulario plástico definido, prefiriendo dedicarse a una multitud de escrituras y soportes.
Así, explora hasta la saciedad los seres vivos y la naturaleza, haciendo del verde su color favorito. Estados intermedios, mutantes, híbridos..., Hyber se rodea de nuevos héroes y da origen a una multitud de animales-plantas, árboles que corren u hombres/mujeres esponjas... En Cahors, plantó doscientos árboles frutales: “Los árboles de nuestras ciudades están allí como imágenes, mientras que los árboles frutales aportan información.” Y desde 1995, su bosque ideal crece en el valle de Vendée de su infancia, donde el artista ha plantado miles de árboles.
Los árboles, fuente constante de inspiración, ocuparán un lugar de honor en las pinturas expuestas en Chaumont-sur-Loire. Pero no árboles observados cuya forma deba transmitirse, sino árboles imaginarios que se despliegan como un pensamiento en proceso de desarrollo.
SOUS LA FORÊT, DES VIES (BAJO EL BOSQUE, VIDAS)
REFERENCIAS BIOGRÁFICAS
Fabrice Hyber nació en Vendée en 1961. Estudió matemáticas antes de ingresar en la École des Beaux-Arts de Nantes. Partiendo invariablemente de la práctica del dibujo y la pintura, utiliza todos los modos de expresión.
El artista se dio a conocer en 1991 con su autorretrato Traduction (Traducción), una pastilla de jabón de 22 toneladas, que figura en el Libro Guinness de los Récords. Este enfoque humorístico y a menudo jubiloso no es más visible en ninguna parte que en sus Prototipos de Objetos en Funcionamiento (POF). Con estos objetos nacidos de un dibujo, una idea o una conversación, Fabrice Hyber desplaza la función original de una gran cantidad de objetos tomados de nuestra vida cotidiana, como para demostrarnos mejor que para cada elección realizada, existe un número ilimitado de otras posibilidades y que corresponde al artista revelarlas. Probados por el público en exposiciones como Testoo y At your own risk, los POF también son los retos de los C’Hyber Rallyes en los que el artista sumerge a los competidores en su universo durante 3 días/noches consecutivos.
Después de introducir el término artista-empresario a finales de los años 1980, Fabrice Hyber creó en 1994 Unlimited Responsibility (UR), una SARL destinada a fomentar la producción y los intercambios de proyectos entre los artistas y los empresarios: “Hay que transformar a los coleccionistas, principalmente a los jefes de empresa, en productores de obras”, “cruzar y acercar territorios diversos, actuar, hacer.” Actualmente, el artista continúa con este mismo compromiso con el programa de formación “Les réalisateurs”, llevado a cabo en colaboración con escuelas de arte y de comercio, para incitar a jóvenes artistas a encontrar nuevos medios de producción. Con el mismo deseo de inducir o generar nuevos comportamientos, en 2012 inició el proyecto Organoïde con el Institut Pasteur, que pone en contacto a investigadores y artistas para ofrecer al público en general una nueva visión de la investigación biomédica y sus retos.
Presente en numerosas colecciones nacionales e internacionales, Fabrice Hyber ha respondido a diversos encargos. Sus pequeñas esculturas antropomorfas cuyos orificios corporales escupen agua Homme de Bessines (Hombre de Bessines) invaden las ciudades francesas y extranjeras desde 1991. También cabe mencionar L’Artère - le jardin des dessins (La Arteria –el jardín de los dibujos), un suelo dibujado de 1.001 m2 en el Parc de La Villette, que es un lugar de vida y de concienciación sobre el VIH, y Le Cri, l’Écrit (El Grito, el Escrito) que conmemora la abolición de la esclavitud en el centro del Jardin du Luxembourg.
En cada proyecto, el deseo de inventar nuevas formas de intervención sobre la realidad le lleva a cruzar no sólo las técnicas, sino también los conocimientos, las disciplinas y las competencias. Así, con el techo de vidrio del Hotel Lutetia (2018), el artista presentó la culminación de un experimento sobre el vidrio en el que trabajó durante varios años. El resultado es una acuarela de vidrio que une la arquitectura, el paisaje y el cielo. Para Les deux chênes (Los dos robles) (2018), obra realizada para el último de los pasajes parisinos, el Beaupassage, Fabrice Hyber moldeó y duplicó uno de los árboles más antiguos de su valle de Vendée para inscribir una marca, una pausa, un recuerdo de los seres vivos en el centro de la ciudad.
Aquel para quien “el arte es la única posibilidad de comprender el mundo haciendo interactuar las disciplinas” sitúa la transmisión en el centro de su obra. De 2002 a 2005, Fabrice Hyber dio clases en la École nationale supérieure des Beaux-Arts, antes de crear “Les Réalisateurs”, así como diversas “formaciones”, tanto en Pantin como en Villefranche-sur-Mer, y también en Vendée, donde se encuentra su fundación. En 2018, el artista fue elegido miembro de la Académie des Beaux-Arts, y, en 2021, nombrado embajador del fondo Office National des Forêts-Agir pour la forêt. “El bosque es un conocimiento del mundo. Hay que dedicarse a lo antes posible para que permanezca el mayor tiempo en el bien común”, explicó en esta ocasión.